Javier López-Remiro Platero

Javier López-Remiro Platero

Javier fue el primer médico que se trasladó a Ruanda a principios de los años 70 del siglo pasado para poner en marcha el hospital de Nemba y lo hizo acompañado de otras personas del ámbito sanitario.

En 1971 varios misioneros navarros encabezados por Ángel Echeverría tuvieron la iniciativa de construir un hospital en una zona rural de Ruanda que no contaba con servicios de salud. La misión diocesana de Navarra consiguió los fondos necesarios para la construcción del hospital, pero necesitaban apoyo para el equipamiento y puesta en marcha del mismo. En especial, necesitaban personal sanitario. Con el fin de conseguir la ayuda que necesitaban, se pusieron en contacto con el sacerdote navarro Miguel Ángel Argal, quien era conocedor de la existencia de medicusmundi en España ya desde 1963. Así que Miguel Ángel decidió rodearse de buena gente y constituir en Navarra una delegación de esta medicusmundi para poder dar el apoyo que había sido solicitado por los misioneros navarros. Tarea ambiciosa y no exenta de dificultades.

Los primeros pasos se dirigieron a realizar una campaña en busca de colaboración. Primero, en el entorno sanitario, después entre comerciantes, periodistas, partidos políticos y a toda la población en general. Enviar personal al hospital de Nemba era prioritario, por lo que Miguel Ángel contactó a Javier, del cual ya sabía que estaba interesado en el mundo de la cooperación, y le propuso viajar a Ruanda para apoyar la puesta en marcha del hospital.

Javier aceptó el reto. Antes de viajar a Ruanda, completó su formación médica en medicina tropical y ginecología de urgencia y perfeccionó el francés en una estancia de cerca de tres meses en Burdeos, con su mujer Pilar Forcada. Juntos viajaron a Ruanda, donde ejercieron su trabajo durante dos años. Javier como médico y Pilar apoyando tareas administrativas. Junto a ellos viajaron dos enfermeras: Merche del Amo (comadrona) y María Jesús Alberdi (intensivista).

Javier nos cuenta que los misioneros navarros les dieron una gran acogida y muy buenos consejos para poder llevar a cabo su dificultosa tarea. También quiere recalcar y poner en valor que:

Sin la misión diocesana de Navarra, el hospital de Nemba no sería hoy la realidad que es.

Vista general del hospital de Nemba en 1974.
Vista general del hospital de Nemba en 1974.

Pasaron momentos difíciles, sobre todo al principio. La carga de trabajo era enorme, nos dice Javier y pasados unos meses fue necesaria la incorporación de dos Hijas de la Caridad, ambas enfermeras.

Al principio el equipo se movió en un entorno de precarias condiciones sanitarias, pero poco a poco fueron mejorando. Empezaron a disponer de más medios gracias a las aportaciones de personas socias y donaciones. Por un lado, el hospital de Navarra se volcó enviando material sanitario, instrumental quirúrgico, equipamiento, etc. Por otra parte, las farmacias donaron medicamentos, y las fábricas y el comercio textil de Navarra se comprometieron a suministrar la ropa necesaria para el hospital. Asimismo, se fue incorporando personal ruandés de forma paulatina. En marzo de 1974 trabajaban ya en el hospital 21 personas ruandesas.

Javier López-Remiro y Juvenal Habyarimana el 4 de julio de 1974 en la inauguración del hospital de Nemba.
Javier y Juvenal Habyarimana el 4 de julio de 1974 en Nemba.

Después de un año de arduo trabajo, el 4 de julio de 1974 se inauguró oficialmente el hospital de Nemba en un acto al que acudió la máxima autoridad del país, Juvenal Habyarimana.

El hospital San Francisco Javier, que así se bautizó en homenaje a los misioneros navarros que promovieron su construcción, era el referente sanitario de una zona montañosa en la que vivían casi 200.000 personas. Javier López-Remiro fue su primer director. Él y su equipo trabajaron arduamente, al principio, con muy pocos medios y en largas y agotadoras jornadas, pero lo hicieron con gran dedicación y entusiasmo.

Nos cuenta Javier que continuamente se recibía en el hospital a hombres y mujeres que llegaban a pie, después de haber recorrido 30 o 40 kilómetros de distancia. Era frecuente que primero acudieran a un hechicero ruandés para que les curase, pero si no sanaban, se presentaban en el hospital. El médico blanco era en su mentalidad otro hechicero, pero con más poder.

Javier permaneció en Nemba desde 1973 hasta 1975. A su vuelta a Navarra, continuó implicado en medicusmundi como miembro de la Junta directiva durante veinticinco años.

Su estancia en Nemba le ha dejado una huella imborrable. Considera que el hospital fue una obra magnifica que llegó a cotas impensables en sus comienzos. Para él ha sido muy importante ver crecer y madurar este proyecto, así como saber que está en buenas manos. El hospital, que ha crecido muchísimo en cuando a infraestructuras, equipamiento, personal y servicios ofrecidos, seguirá contando siempre que lo necesite con el apoyo de nuestra asociación.

Hospital de Nemba en la actualidad
Hospital de Nemba en la actualidad.

De su participación en medicusmundi Javier guarda un grato recuerdo, especialmente por haber conocido, tanto en Ruanda como en Navarra, a las mejores personas que uno pueda imaginar y que le acompañarán siempre en su pensamiento.

Han sido tres décadas formando parte de la organización y debo decir que pertenecer a la familia mundi te marca la vida.

Asimismo, nos manifiesta el enorme aprendizaje que recibió: el gran potencial que tienen los seres humanos cuando les mueve la ilusión y el trabajo desinteresado por los demás.

De cara a un futuro, Javier desea que medicusmundi no pierda el espíritu y la ilusión del comienzo. Quiere también que la asociación siga siendo ambiciosa en sus sueños y proyectos.