Este 5 de noviembre, la Dra. María Isabel Rodríguez, mujer pionera, cumple 100 años. Su vida es un ejemplo y un grito de esperanza en medio de estos tiempos complicados para el país centroamericano.

El 5 noviembre El Salvador celebra el “primer grito de la independencia”, conmemorando la llamada del prócer Matías Delgado que, haciendo repicar las campanas de la iglesia de La Merced en aquel día de 1811, llamaba al pueblo para que se uniera a la causa de la libertad frente al reino de España. Este acontecimiento da nombre a la calle que tantas veces hemos recorrido quienes hemos pasado algún tiempo en San Salvador para llegar a los barrios y poblaciones del este y noreste, hasta “La Garita”, donde el camino se divide hacia Soyapango o hacia Ciudad Delgado. Como tantas vías de la metrópoli, en horas punta el tráfico es intenso. Recuerdo lo que costaba habitualmente recorrer sus casi dos kilómetros al anochecer, cuando cientos de personas parecíamos ponernos de acuerdo en reunirnos allí con nuestros vehículos en una fila que, de tan poco avanzar, a veces más parecía retroceder. Exactamente como el país mismo que, 30 años después de la firma de los acuerdos de paz, sigue sufriendo, por un lado, la inequidad que condena a buena parte de la población a la pobreza e incertidumbre ante el futuro y, por otro, la violencia social, de raíces complejas, pero enquistada y retroalimentada por las duras condiciones socioeconómicas y la falta de expectativas de los más jóvenes. Y no han logrado solucionarlo los sucesivos gobiernos, a pesar de la aplicación de distintas recetas. Consecuencia de todo ello, la emigración sigue siendo la opción de buen número de salvadoreñas y salvadoreños.

Mapa de El Salvador

Se podría tener la sensación de que, al amanecer, cuando la calle 5 de noviembre vuelve a colapsarse con vehículos cargados de estudiantes y personas que van a su trabajo, en el momento en que Centroamérica, arrastrada por el giro de la tierra, atraviesa la penumbra y abandona la noche, el país podría haber desaparecido bajo el océano y no pasaría nada, con tal de que hubiera dado tiempo a avisar para que salieran quienes todavía no lo han hecho.

Afortunadamente, y a pesar de su historia de terremotos, erupciones volcánicas y huracanes, esto no ha sucedido ni se espera que lo haga. No en un plazo que deba preocuparnos ahora mismo. Y está bien que así sea, porque más allá del drama social, económico y político, El Salvador está abarrotado (nunca mejor dicho, no en vano es uno de los países con mayor densidad poblacional del continente) de gente trabajadora que lucha cada día de sol a sol por sacar adelante sus familias a pesar de las dificultades, de personas emprendedoras que son auténticas heroínas ante la frecuencia de la extorsión ligada a la violencia social y de jóvenes que tienen muy claro que el camino fácil de las maras (pandillas) es demasiadas veces un camino a ninguna parte. Y, además, El Salvador nos regala de cuando en cuando personas de una talla excepcional, verdaderos ejemplos que, junto a los millones de almas anónimas que resisten cada día, nos hacen mantener la fe y la esperanza en este pueblo.

María Isabel Rodríguez es una de ellas. Nació también un 5 de noviembre, pero en el año 1922, o sea, 111 años después de aquel primer grito de la independencia y hace ahora 100 años. Tercera mujer en licenciarse en medicina en el país, primera mujer decana de la facultad de medicina, primera mujer rectora de la Universidad pública de El Salvador y primera ministra de Salud en el país. Sus méritos y reconocimientos dentro y fuera de sus fronteras son numerosos. Como ministra de salud, durante el periodo 2009-2014 y ya con casi 90 años, puso en marcha la reforma del sector salud que supuso una de las experiencias más interesantes y exitosas de apuesta por la salud pública desde principios de equidad y derechos en la región. Como medicusmundi, presentes en el país y acompañando sus esfuerzos por el fortalecimiento del sistema público de salud desde hacía dos décadas, tuvimos la ocasión de apoyar aquel proceso junto a la Agencia Española de Cooperación Internacional. Trabajamos por el desarrollo de la gestión del conocimiento, a través de la investigación (con la creación, por ejemplo, de la revista Alerta, como herramienta de estímulo y promoción de la investigación en las redes de salud), la formación (a destacar la primera maestría para la formación de epidemiólogos/as en el país) y el fortalecimiento del Instituto Nacional de Salud, un ente novedoso en la región que demostraba la visión estratégica de la reforma emprendida por la doctora Rodríguez. Junto a ello, apoyamos el desarrollo de las redes de salud, auténtica apuesta por la extensión de la cobertura para llegar a las personas más vulnerables y a las áreas menos favorecidas, es decir, por la equidad del acceso a la salud. Por último, apoyamos el eje de participación comunitaria en Salud, que consagró políticamente al Foro Nacional de Salud-FNS como agente para su desarrollo. Al frente del FNS se encontraba la desaparecida Margarita Posada, otra mujer histórica de las luchas por el derecho a la salud, en su caso desde la sociedad civil, y cómplice de Isabel Rodríguez en la política de participación en salud, que tanto contribuyó a mejorar la transparencia en la gestión y la calidad y calidez de la atención.

La Dra. María Isabel Rodríguez clausurando el convenio de medicusmundi en 2019.
La Dra. María Isabel Rodríguez clausurando el convenio de medicusmundi en 2019 en San Salvador.

La doctora María Isabel Rodríguez, de figura menuda que ha encogido aún más con el paso del tiempo, presenta un aspecto entrañable, alimentado por su edad y el prestigio de sus muchos reconocimientos. De firmes convicciones, labradas en una vida que ha hecho norma la ruptura de barreras y la lucha por la justicia social, mantiene una lucidez que asombra y un verbo agudo. Su vida es un ejemplo en primera persona de la lucha por romper las diferencias de género y su quehacer ha contribuido enormemente a la igualdad de todas las personas en el acceso a la salud, independientemente de sus condiciones socioeconómicas. Con ella, el 5 de noviembre, celebración del primer grito de la independencia de El Salvador, es también una conmemoración de su grito por la equidad, la de las mujeres y la de todas las personas vulnerables y excluidas del derecho a la salud. ¡Gracias por ello, doctora, y muchas felicidades!

Escrito por Carlos M. Pablo Alcaine, coordinador de salud de medicusmundi Navarra-Aragón-Madrid, fue responsable de proyectos en El Salvador de la organización, y Jorge Irazola Jiménez, fue delegado de medicusmundi en El Salvador y asesor para cooperación de la ministra Isabel Rodríguez.