La palabra guerra parece sinónimo de “todo vale”. Día sí y día también desde que empezó la invasión rusa a Ucrania vemos como la población civil ucraniana está siendo víctima de los bombardeos del ejército ruso, nos estremecemos con las imágenes de un hospital de maternidad en Mariúpol destrozado por las bombas y con las historias de las personas que poco a poco van llegando a nuestro país.

Los mensajes de ayuda a Ucrania se multiplican por todos lados, una ayuda que es necesaria, sin ninguna duda, pero que a veces hace que uno tenga la sensación de que esas palabras no son más que un circunloquio para evitar ponerle nombre a lo que está pasando: estamos en guerra con Rusia.

Una guerra que se libra en el campo de batalla, por supuesto, pero que tiene otros escenarios: el de la ciberseguridad, el de las redes sociales (un ejemplo muy significativo: Facebook e Instagram ya permiten publicar mensajes de odio contra Putin) y, sobre todo, el económico.

Y es que las bombas caen en Ucrania con efectos devastadores para su población, pero su onda expansiva no tarda en llegar a tu barrio: subida del gas, de la electricidad (todavía más), de los combustibles, de alimentos básicos como los cereales y el aceite… Subidas de precios que son un fardo más sobre las espaldas de la clase trabajadora en un país como el nuestro, donde un 10,9% de la población considera que no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada durante el inverno y el 9,6% tiene retrasos en el pago de las facturas de los suministros de su vivienda, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en la “Actualización de indicadores de la estrategia nacional contra la pobreza energética” de diciembre de 2021.

La pandemia provocada por el coronavirus tiene todos los puntos para convertirse en una nueva oportunidad perdida para transformarnos como sociedad. Para replantearnos nuestro modelo de consumo, nuestra forma de movernos por el mundo, nuestra relación con el planeta, la importancia de poder disfrutar de una sanidad pública de calidad y a la que tengan acceso todas las personas. ¿Pasará lo mismo con esta guerra?

Es obvio que lo importante ahora es parar las bombas y ayudar a las víctimas, pero si es posible extraer algún aprendizaje de una barbarie como esta, quizá sería que se está haciendo más patente que nunca que nuestro modelo energético y de consumo están caducos y que es una buena oportunidad para repensarlos, para enfocarnos hacia energías menos contaminantes y más respetuosas con el planeta, hacia modelos de consumo más sostenibles.

Crisis económica. Pandemia. Guerra. Más crisis económica, si es que en algún momento habíamos logrado salir de ella. Es difícil que el miedo no nos atenace. Que aceptemos renunciar a derechos por nuestra seguridad. Que las opciones políticas más excluyentes no paren de crecer como un monstruo alimentado por nuestro miedo.

Y ante el miedo, a aquellas personas que sabemos que este mundo puede ser mejor no nos queda otra que la resistencia, el aprendizaje y la acción. Sí, la acción, colectiva, por supuesto, pero también individual, porque lo que tú haces también provoca cambios, porque eres el arma más poderosa para cambiar el rumbo que seguimos como sociedad.

Escrito por Fran Vega, socio, voluntario y antiguo responsable de comunicación de la asociación.

Si quieres ayudar a la población ucraniana, infórmate bien antes

Nuestra organización, medicusmundi NAM, no trabaja en Ucrania y no tenemos previsto llevar a cabo ninguna acción específica. Pero si quieres ayudar de alguna forma, infórmate antes de hacerlo para que tu ayuda sea lo más eficiente y efectiva posible. No todo vale. Más información

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