Corría el mes de enero de 2016. Hacía ya 1 año que las asociaciones de medicusmundi en Navarra, Aragón y Madrid habíamos decidido unir fuerzas para luchar por un mundo mejor. Todo eran ilusiones renovadas, ¡esto marchaba! Y además llegaba el momento de estrenar boletín digital, ¡qué más podíamos pedir!

Lo primero fue decidir secciones, formato y, claro, ponerle nombre. Después de mucho darle vueltas, elegimos uno de los que nos propusieron a través de las redes sociales, ¡Somos Mundi! Sonaba bien, era fácil de recordar, integrador, tenía parte de nuestro nombre… la verdad es que nos lo pusieron fácil a la hora de decidirnos (¡gracias Valentín!).

Ahora tocaba decidir los contenidos de este primer número tan especial. ¡Horror! ¿Con qué empezamos? ¿Y si ponemos como primera noticia el vídeo de presentación de medicusmundi? Sí, sí, ese que tan bien define nuestro trabajo por la defensa del derecho a la salud para todas las personas. Venga, va, nunca está de más recordar a quien nos lee qué es lo que nos mueve.

Y de pronto, casi sin darnos cuenta, resulta que nuestro Somos Mundi cumple 100 ediciones, fiel a su cita cada 15 días con nuestra base social para ofrecer toda la información de nuestra asociación y de todo lo que se mueve alrededor de ella relacionado con la cooperación al desarrollo, la salud y la construcción de un mundo mejor.

Y resulta que volvemos a ver el vídeo con el que abrimos el primer Somos Mundi y nos encontramos con frases como estas:

“Dicen que los médicos salvamos vidas, pero la vida no se puede proteger donde no hay justicia.”

“En medicina lo más básico no es un medicamento. Es la atención primaria. Es la sanidad universal.”

“La salud no puede ser un negocio por encima de la vida de las personas.”

“Creemos que no se puede luchar por la salud solo en casa, ni hacerlo solo en el Sur. El problema es global y nos afecta a todas.”

Y nos damos cuenta de que tienen más vigencia que nunca, porque, por desgracia, la pandemia provocada por la COVID-19 que recorre como un fantasma todo el mundo desde principios de 2020, la pandemia que ha teñido de un triste color gris todo este año y que amenaza con pintar de negro el futuro, nos ha hecho vivir en primera persona lo que se siente cuando el sistema sanitario no está preparado para responder a las necesidades de la población.

La COVID-19 ha puesto de manifiesto que eso de que “el problema es global y nos afecta a todas” no son ni mucho menos palabras vacías y que las soluciones también tendrán que ser globales, de ahí la importancia de la cooperación al desarrollo. Pero también ha dejado al descubierto las carencias de nuestro sistema sanitario después de años de desmantelamiento sistemático: UCIs y hospitales desbordados, profesionales al límite de sus capacidades, los centros de salud asumiendo la mayor parte de la gestión de la COVID-19 sumidos en la precariedad…

Y no vamos a mejor. Un reciente informe de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) ha puesto de manifiesto que entre 2019 y 2020 la privatización ha aumentado en todas las comunidades autónomas. ¿Es que no aprendemos?

La importancia y la urgencia de apostar por un sistema sanitario público, basado en una Atención Primaria de Salud fortalecida, con el personal necesario, con recursos económicos y medios suficientes es uno de los aprendizajes que deberíamos sacar de todo este torbellino que estamos viviendo, pero ojo, porque todos nuestros problemas no están relacionados con el sistema sanitario.

En la era del ruido y las fake news, los intereses partidistas y económicos se siguen poniendo por delante de los de la ciudadanía, acogotada en gran parte por el miedo: miedo a enfermar, miedo a perder el trabajo, miedo a quien no piensa como yo… Un miedo que va calándonos hasta los huesos y nos hace cada vez menos libres, que provoca que cedamos cada vez más derechos en favor del sistema, esa máquina que no puede parar caiga quien caiga.

Un engranaje que para funcionar genera cada vez más personas vulnerables, a las que deja en los márgenes y que desde luego no se plantea para nada eso de “no dejar a nadie atrás”. Un modelo basado en el aquí y ahora, que es generador de crisis como ésta, pues no debemos olvidar que los orígenes de esta pandemia están íntimamente relacionados con la degradación ambiental ¡Y todavía hay quien piensa que nos va a sacar de ella!

Somos humanos y en situaciones como esta es lógico que se nos venga a la cabeza aquello de “que me quede como estaba”, ¡por favor que vuelva esa “normalidad” tan anhelada! Aunque, espera, si te paras un poco a pensarlo, ¿qué es lo normal? ¿Vivir en un país donde una de cada cinco personas vive bajo el umbral de la pobreza y una de cada cuatro está en riesgo de exclusión social? ¿Asumir que es normal que en nuestro país desde 2003 hayan sido asesinadas 1.071 mujeres solo por el hecho de serlo? ¿Vivir a las orillas de un mar en el que se estima que han muerto más de 35.000 personas buscando una vida mejor?

Es difícil saber si el mundo de hoy es mejor que el de hace casi 5 años, cuando el Somos Mundi se asomó a nuestras pantallas por primera vez, pero lo que sí está claro es que tenemos una oportunidad de cambiar las cosas, de repensar el modelo de sociedad que queremos, el de trabajo, el económico, el de conciliación familiar, el de consumo, el de alimentación… La manera, en suma, en que queremos vivir y cuidar nuestra casa, o lo que es lo mismo, este planeta que todavía tenemos la oportunidad de cuidar y convertirlo en un lugar mejor en el que vivir. Y es que, entre tanto panorama oscuro, no hay que olvidar una cosa: ¡el ser humano es capaz de hacer cosas maravillosas! Solo hay que atreverse a dar el primer paso.