El COVID19 trae grandes amenazas para el futuro del país pero también oportunidades para el cambio.

A la fecha en la que escribimos este artículo, 22 de abril, tras más de un mes de confinamiento, los datos sanitarios que deja esta pandemia en Perú podrían considerarse menos preocupantes que en Europa, pero sus consecuencias económicas y sociales, no facilitan el optimismo. Se han hecho en todo el país pruebas a 170.400, de las cuales 19.250 han resultado positivas en COVID-19. De ellos 2.434 pacientes se encuentran hospitalizados, 396 en UCI con ventilación mecánica. El resto de casos positivos, 7.027 están cumpliendo el período de aislamiento en sus domicilios y los demás han sido ya dados de alta en un establecimiento de salud. Hasta ahora se computan 530 muertes consecuencia del virus.

Por el camino, las aspiraciones de Perú a ser considerado por la OCDE como país de Renta Media-Alta, con una economía en galopante crecimiento antes de la crisis sanitaria, se desvanecen. En febrero de 2020, tras largos años de peticiones, se tomó la decisión de no medir la pobreza del país solamente a través de aspectos financieros (pobreza monetaria) sino por aspectos multifactoriales (acceso a la educación, a la salud, al agua potable, al saneamiento básico, a la seguridad alimentaria…). Este ejercicio de realidad dio un resultado preocupante: al menos un tercio del país vive en pobreza, el doble de lo que indicaba la pobreza monetaria basada sólo en ingresos per cápita.

La pandemia empujará a la pobreza a amplios estratos de la población

El COVID-19 va a hacer todavía más patente la enorme vulnerabilidad que los datos macroeconómicos del país ocultaban, empujando de nuevo a la pobreza a amplios estratos de la población a la que hasta ahora contábamos con renta media: medianos y pequeños empresarios, productores, comerciantes o trabajadores independientes de diversos rubros perderán sus ingresos (comercio, restaurantes, turismo, viajes, productos para el hogar, construcciones…). La consecuencia, como en el resto del planeta será el aumento del desempleo, y si aún cabe más, de la informalidad (el 70% de la población laboral trabaja ya informalmente, con ingresos casi diarios para poder vivir o sobrevivir en muchos casos).

El país, como gran parte de otros muchos del planeta, va a entrar en una situación de cuidados intensivos, de la cual necesitará un largo tiempo para recuperarse. La renta media alta terminará siendo un sueño inalcanzable a pesar de parecer haberlo tocado con las manos. Por ello, como país, Perú debe aprender algunas lecciones que no hay que volver a repetir en el largo camino de la recuperación.

Lecciones aprendidas: no se puede crecer sin atender las necesidades sociales básicas, entre ellas con una salud desbordada.

El siglo XXI planteaba fuertes retos para la salud del mundo y de la región de las Américas: doble carga de enfermedad; problemas de salud no resueltos, emergentes (como la pandemia COVID 19) o reemergentes; vulnerabilidad sanitario social por razones catastróficas (climáticas, sísmicas, socioeconómicas…) En el caso del Perú, cuando se esbozaba un nuevo proceso de cambio y transformación del sector salud, que avanzaba lentamente y no exento de dificultades, la fragilidad del mismo se ha hecho evidente ante una situación como la pandemia COVID 19, ya que no se está dimensional ni funcionalmente bien preparado.

Perú tiene una oportunidad histórica de cambio y transformación

La pandemia, inexorablemente, va llenando los hospitales, con unas camas de UCI que se van ocupando con estancias prolongadas de los casos más graves. Sólo hay 504 camas UCI en todo el país. Los hospitales están paralizados para lo todo lo que no sea COVID, mientras en el primer nivel de atención, el personal de salud se va contagiando, se van mermando los recursos para la atención temprana de esta enfermedad, la vigilancia comunitaria y la atención al resto de carga de enfermedad que prexistía a esta pandemia. Y lo más grave, el virus está carca de algunas de las comunidades nativas amazónicas, que de llegarse a contagiar, podríamos sufrir un nuevo fenómeno pandémico de extinción étnica.

Por eso Perú y su sector salud, de la mano del Ministerio, tienen una oportunidad histórica de cambio y transformación. Esta oportunidad pasa por, en la lucha contra la pandemia COVID 19, dar continuidad a los diversos procesos ya iniciados en 2019 para transformar el sistema de salud desde una Atención Primaria integral, basada en Familia y Comunidad.

Una oportunidad de cambio y transformación: pelear en un doble frente de batalla

Todo está cambiando en nuestro planeta, para medicusmundi NAM en Perú también. Hace menos de un mes los frentes de batalla eran distintos, aunque con dificultad se avanzaba en las metas de más y mejor salud. Hoy nos enfrentamos a “obstáculo desconocido”, en Perú y en el resto del planeta, pero seguimos aprendiendo y compartiendo, para dar la batalla junto a los profesionales de salud y el sistema público, confiando en que nuestro compromiso con la Atención Primaria es el camino. Sabemos que la salud empieza en el hogar y la comunidad, que todas y cada una de las personas somos la respuesta a una verdadera salud, algo superior al siempre hecho de no estar enfermo.

La Atención Primaria de Salud, la implementación del Modelo de Cuidado Integral de Salud por Curso de Vida, para la Persona, la Familia y la Comunidad y las Redes Integradas de Salud son la base del trabajo de medicusmundi NAM en el país y constituyen el marco de una nueva Política Nacional Multisectorial de Salud que transforme el sector y afronte la pandemia con garantía de éxito. La Atención Primaria de Salud precisa ser internalizada y transversalizada en todo el sector. Es la única forma de innovar el mismo y transformarlo radicalmente para servir a la población, y construir un país saludable y feliz para todas las peruanas y peruanos. La APS más que nunca, es el camino trazado para enfrentar la situación sanitaria por la que transitamos en el país. Las “Personas que Cuidan Personas” siguen siendo el intangible más valioso que puede dirigir y hacer posible el cambio innovador y la transformación del sector de la salud.

Es por ello que una parte importante de nuestra experiencia, y de nuestro equipo en el país, toman ahora las riendas dentro del Ministerio para hacer realidad esa visión estratégica transformadora que genere un efectivo derecho a la salud y venza esta nueva pandemia y todas las demás enfermedades que impiden el goce de una vida digna a muchas personas en el país.