Cada viaje de los que organizamos medicusmundi NAM a Ruanda tiene algo especial. Pero el de este año ha sido sin duda el más particular de los 5 que ya llevamos. Cuando salimos de nuestras casas, el 6 de marzo, la situación respecto al coronavirus en nuestro entorno era de control total y calma. En Ruanda más aún, pues no había habido ningún caso. Pero en las dos semanas que teníamos previsto estar conociendo el precioso país de las mil colinas, todo cambió, en España y en Ruanda.

Nuestra preocupación principal al volar era no llevarnos el coronavirus con nosotros. Así lo vivía también la gente con la que íbamos encontrándonos en Ruanda, pese a lo cual nos recibieron como siempre lo hacen, con los brazos abiertos. Solo que esta vez no los cerraban para abrazarnos. Estaba ya prohibido. Y eso que no había habido ningún caso en el país.

Cámaras térmicas en el aeropuerto para tomar la temperatura, breve encuesta epidemiológica al entrar al edificio del aeropuerto, geles desinfectantes obligatorios antes de pasar controles y personal con mascarillas y guantes en control de inmigración, es lo que nos encontramos al llegar. Y obligación de lavarnos las manos antes de entrar en cualquier lugar público o bar es lo que nos fuimos encontrando en medio de las colinas, antes de que hubiera un solo caso en el país.

Vivir la expansión del coronavirus en España y en Ruanda desde las colinas ruandesas ha sido una experiencia que nunca olvidarán las 12 personas que viajaron este año conmigo. Y aunque las conversaciones diarias era inevitable que cayeran una y otra vez en este virus coronado, convertido en rey del viaje, pudimos llevar a cabo el plan previsto y conocer de primera mano cómo es la vida en ese país, especialmente en el área rural, y cómo medicusmundi estamos apoyando al distrito de Gakenke en general y a tres zonas en concreto de ese distrito en particular (sectores de Nemba, Karambo y Kamubuga), a fortalecer su sistema de salud y a luchar contra tres importantes determinantes de la salud como son la nutrición, la higiene y la pobreza.

Tres personas han querido compartir sus vivencias y aprendizajes de este viaje. Os dejo con sus testimonios.

Natalia Herce | Responsable del viaje


Ruanda en el corazón

Nos alojamos en una antigua residencia de monjas propiedad de la parroquia de Nemba que alquila medicusmundi para sus estancias temporales en Nemba.

Todas las mañanas, antes de desayunar, y quien quisiera, dábamos un paseo, colina arriba colina abajo, con nuestra responsable Natalia. Los primeros días nos cruzábamos por el camino con decenas de niñas y niños, que se dirigían a la escuela con sus uniformes impolutos y en chancletas (otros irán en el turno de la tarde). Los últimos días ya no había ese trajín porque se había decretado el cierre de colegios para intentar evitar la llegada del coronavirus a las colinas. A otras niñas y niños nos los encontrábamos junto a sus casas, junto a los estrechos senderos por los que caminábamos. Pero todos tenían una cosa en común: la sonrisa. Una sonrisa limpia y franca.

Ahora, en Pamplona, al recordarlos también yo sonrío. ¡Cuánto me hubiera gustado abrazarlos, acurrucarlos en mi seno y colmarlos de besos! Pero también allí llegó el coronavirus y teníamos que reprimir ese impulso primario de empatía y cariño hacia los pequeños.

Gracias medicusmundi por brindarme la oportunidad de conocer la Ruanda rural, la de las necesidades más perentorias. Y gracias por la enorme labor que hacéis para cubrirlas.

Trinidad Iturralde


15 cosas que he aprendido en Ruanda

1.- Con qué facilidad puedes hacer «buenos amigos» en pocos días, incluso entre personas tan dispares. Debe ser la magia de Ruanda.

2.- Descubrir que un paseo a las 6.45 de la mañana pudiese ser tan gratificante como para quitarte la pereza del madrugón y del cansancio.

3.- Qué sensación de cariño, respeto y generosidad en regalarnos su tiempo, se percibe en todos los Centros que hemos visitado, al ir acompañados de medicusmundi. Se ve claramente lo mucho que aprecian su labor.

4.- Cómo comer un mango sin pringarme las manos y con la habilidad con la que sólo Phocas (nuestro chófer) puede hacerlo.

5.- Que los niños y niñas tienen los ojos más expresivos, limpios y bondadosos del mundo.

6.- Que la pobreza en la que viven, no les impide cantar y bailar con una alegría y energía desbordante que les sale «de dentro».

7.- Que el país es ROJO, VERDE Y AZUL en todas sus distintas combinaciones… Imposible pintar una acuarela.

8.- Que existe un gusto natural en su gente, que hace que todo sea armonioso a su alrededor, los huertos, los cestos que tejen, incluso el caos de sus mercados tiene su armonía en la forma de colocar los productos.

9.- Que la escasez agudiza el ingenio. El equilibrio en sus bicicletas, el hacer tablones rectos con una sierra manual o el lavado de manos en la entrada de cada establecimiento, son sólo una pequeña muestra.

10.- Que las niñas saltan a la comba sin hacer el doble salto que hacíamos nosotras. Que lo hacen incansables y sonrientes, con una energía impresionante.

11.- Que la educación y la salud de los niños y niñas es prioritario en esta sociedad. Que las mujeres son el motor del país y la fuente de vida.

12.- Que tener miedo ante cosas que nunca van a suceder, es una pérdida de energía absurda.

13.- Que las plagas de las cosechas, la diálisis, los bancos de tiempo y sus nuevas monedas… pudiesen ser temas tan apasionantes (y tan desconocidos para mí) y que llenasen de forma tan amena las tertulias que montábamos entre el grupo en cualquier lugar.

14.- Cómo una lavadora puede mejorar las condiciones sanitarias de un hospital.

15.- Que las mujeres masajean con delicadeza a sus bebés cuando los retiran de sus espaldas, mientras esperan pacientemente su turno para ser atendidas en centros de salud, hospitales o casas de salud comunitarias.

Mª Ángeles Chocarro


Te invitamos a leer también Ruanda en apuros, artículo de Juan José Pellejero, que también ha formado parte del grupo que ha viajado en 2020 a Ruanda con medicusmundi.

Ruanda en apuros

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