Nuestra compañera Natalia Herce está en Ruanda con 12 personas que viajaron hasta allí hace 11 días para conocer el país y el trabajo de medicusmundi. Desde allí nos cuenta la preocupación porque el coronavirus se pueda extender por un país que en el momento en que publicamos esta entrevista tiene 8 casos confirmados, todos ellos en la capital, Kigali.

¿Cómo fue vuestra llegada a Ruanda?

Llegamos aquí el día 7. Salimos de España el día 6, cuando la situación allí era bastante tranquila. En nuestro caso, en Pamplona, únicamente había 3 casos diagnosticados y muy localizados. Antes de venir consultamos tanto aquí en Ruanda como allí en Navarra si parecía factible mantener el viaje y nos dijeron que sí. En aquel momento no se preveía todo esto que ha pasado.

Cuando llegamos al aeropuerto lo primero que nos encontramos fue que habían puesto unas cámaras térmicas para que a todas las personas conforme entrábamos en el puesto de control para pasar el trámite de visado nos testaran la temperatura. Y luego nos hacían un test epidemiológico individual, en el que preguntaban de dónde venías, en qué países habías estado en los últimos 30 días, si tenías fiebre, si tenías tos, si habías estado en contacto con alguna persona con coronavirus, dónde te ibas a quedar, como te iban a poder localizar, etc. Después de eso, al pasar el control de inmigración era obligatorio desinfectarse las manos con un desinfectante. Pero no tuvimos mayores problemas y como aquí no había habido ningún caso, la situación estaba en calma.

¿Qué ha pasado desde que se han empezado a diagnosticar casos en Ruanda?

Ya desde antes de que se diagnosticara el primer caso, nos llamó la atención que allá donde fuésemos se habían puesto a la entrada medios para lavarse las manos, incluso en la zona rural. El sábado (14 de marzo), tuvimos conocimiento del primer caso confirmado de coronavirus. Y en cuanto se diagnosticó el primer caso, el gobierno tomó una serie de medidas como fue cerrar todas las escuelas del país a todos los niveles, igual que se ha hecho en España, y suspender todo tipo de celebraciones privadas y públicas y reuniones con grupos numerosos de gente. Además se están lanzando muchísimos mensajes de sensibilización a la población, que ya habían empezado antes, pero se reforzaron.

El mensaje que se da a la población es el mismo que en España: lavarse bien las manos, mantener distancia de seguridad, evitar acumulo de personas en muchos lugares, trasladarse solo cuando sea necesario. Lo que pasa es que aquí en muchos casos no se pueden llevar a la práctica, sobre todo en la zona rural, porque la gente para sobrevivir cada día necesita salir de su casa, necesita ir al campo, necesita vender sus productos y necesita comprar. Aquí no se puede comprar comida para un mes. La gente compra día a día, con lo cual el mercado que hay martes y viernes ayer se mantenía.

Lo que sí nos llamó la atención es que ya no te encuentras niños y niñas cuando vas por las pistas. Antes cuando salías de casa siempre había un montón de niños que enseguida te rodeaban y empezaban a jugar contigo, te llamaban… ahora apenas se ven, porque están en sus casas.

¿Cómo está la gente?

Hay mucha preocupación. Me ha llamado mucho la atención que la gente ya no se abrace ni se dé la mano. Para saludarnos chocamos los codos o los pies. Algo tan cultural como encontrarse, sentarse, abrazarse e ir de la mano, ya no se hace y eso se nota.

¿Habéis sentido recelos porque os vieran como transmisores del coronavirus?

Cuando viajamos con un grupo, la preocupación principal suele ser qué enfermedades hay en el lugar al que vamos a viajar, pero este año nuestra preocupación principal era no traer el coronavirus. Evidentemente, todas las personas antes de venir teníamos muy claro que no éramos grupos de riesgo, llevamos aquí ya 11 días y ninguna persona ha tenido síntomas.

Hemos notado preocupación, no recelo, nos han recibido maravillosamente bien, nos han tratado tan bien como lo hacen siempre. Solo en casos puntuales hemos notado ese recelo. Sí que la gente siente esta enfermedad como una enfermedad de los blancos que se ha traído de fuera, porque realmente así ha sido, pero no nos hemos sentido ni muchísimo menos rechazados, lo que supone también un gran aprendizaje.

¿Habéis podido seguir vuestro plan de viaje?

Nosotros hemos podido seguir haciendo el viaje previsto, conociendo como es la vida aquí, cuales son sus problemas, su forma de organizarse, cual es el trabajo que como medicusmundi estamos llevando a cabo en esta zona. Hoy es nuestro último día. Después de varios cambios parece que mañana jueves a la noche vamos a poder volar a Bruselas, aunque no tenemos plaza para volar hasta Madrid hasta el sábado, porque el vuelo que teníamos a Bilbao está cancelado. Así que en estos momentos seguimos todavía con la incertidumbre de cuando podremos llegar a nuestras casas.

¿Está afectando esta crisis a los proyectos de medicusmundi?

Como nuestro proyecto es en una zona rural, de momento no se está viendo afectado. No sabemos qué medidas se van a seguir tomando en Ruanda, pero por lo que hemos hablado con nuestros técnicos, el trabajo de apoyo que hacemos tanto al Hospital de Nemba como a los centros de salud y al programa de salud comunitaria, sobre todo de lucha contra la malnutrición, de promoción de la higiene y la creación de grupos de ahorro para facilitar la puesta en marcha de pequeños negocios que generen ingresos, se están llevando a cabo. Hoy mismo hay una formación prevista, pero para grupos reducidos de personas. Se intentan hacer al aire libre mientras no llueva. En principio el proyecto sigue su marcha hasta ahora sin alteraciones, pero habrá que ir viendo.

¿Qué pasaría si la epidemia llegase a Ruanda?

Si se descontrola la situación aquí habrá una mortalidad posiblemente mayor a la que está habiendo en otros sitios, habrá más gente infectada, pero sobre todo lo que pasará es que no se podrá atender a la gente que necesita cuidados. En España ahora mismo hay muchas personas que están recibiendo atención por parte de unos profesionales sanitarios maravillosos, pero eso aquí no van a poder tenerlo.

Nosotros estamos viviendo al lado del Hospital de Nemba, que atiende a una población de 250.000 personas. Aquí no hay UCI, aquí no hay posibilidad de respiradores automáticos más allá de un par que ya se suelen utilizar porque la neumonía es muy habitual en esta zona. El sistema sanitario no tiene capacidad de reacción ante una situación que se descontrole. Una cosa positiva es que la población en Ruanda es mayoritariamente joven, con lo cual es probable que aunque se infecten lo puedan superar sin mayores complicaciones, pero es verdad que cuando surjan complicaciones no creo que tengan capacidad de afrontarla.

¿Cómo os sentís?

Sentimos mucha preocupación por todo lo que está pasando allí en España, pero más preocupación todavía por lo que pudiera llegar a pasar aquí. Por toda esta gente que hemos conocido en estos días y cuya vida ya de por sí es dura y complicada por las condiciones de vida que tienen, por las cosechas que se han perdido debido a las lluvias que ha habido muy fuertes en los últimos meses, por la dureza de la vida en las colinas, y que ahora puede ver su situación agravada por el coronavirus.

Nosotros sabemos que antes o después llegaremos a España, que allí tenemos muchos más medios para poder afrontar esta epidemia, pero aquí no. Lo que nos ha enseñado este viaje es la importancia de tener sistemas sanitarios fuertes y una salud pública bien organizada.


En este vídeo tienes más información sobre nuestro trabajo en Ruanda: