Cuando oía a mis amigos contar sus viajes a diferentes países de África ¡me ponía verde de envidia! Cuando me tocaba por mi trabajo, formar parte de la organización de las Jornadas “Nos movemos por África”, que cada año hacíamos en Barañáin de la mano de Ramón Arozarena y que tenían que ver también con Ruanda ¡se me ponían los dientes largos! Cuando un día entró Martintxo por la puerta de casa diciendo que había oído a una tal Natalia de medicusmundi hablar por la radio, de un viaje a Ruanda que organizaban por cuarto año, le dije ¡¡LLAMA!! No queríamos un viaje de agencia, tenía que ser algo especial, algo que nos permitiera ver el alma del país… y se nos ofreció en bandeja.

Ahí empezó esta historia… A través de un par de interesantes y necesarias jornadas de convivencia y formación en la sede de  medicusmundi en Burlada, fui conociendo al grupo de 13 personas que iniciábamos ilusionadas esta experiencia: caras, nombres, información y sobre todo ¡ilusión! Realmente conocernos nos conocimos después, en el viaje, con la convivencia, poco a poco, una a una, cambiando día a día la percepción y las impresiones que cada una de las personas que conformábamos este grupo me habían generado. Toda una experiencia, un aprendizaje. Ha sido un placer compañeras y compañeros ¡¡¡un placer!!!

En distintos artículos escritos por quienes me acompañaron en esta experiencia vital, han contado maravillosamente bien la situación a nivel sanitario, social, educacional en que se encuentra este país, lo que hemos visto, oído y vivido. A pesar de todo también yo me atrevo a dar mi pequeña opinión de este viaje que ha sido tan especial para mí. Mila, nuestra intrépida y entrañable reportera, nos preguntaba al final de nuestro viaje qué nos había supuesto Ruanda y me resultaba difícil concretar. La pobreza es muy dura de ver… Hemos vivido momentos intensos, emotivos ¡¡hay tanta vida y tanta necesidad!! Y ahora, que desde mi casa me paro a pensar casi cada día en ese viaje, en ese país, en la experiencia que hemos vivido, me siento más dispuesta a contaros con qué me quedo.

Me quedo con las niñas y niños, con sus miradas, abiertas, curiosas, soñadoras, a veces tristes…, con sus abrazos y sus manos negras entre las mías blancas… Me enamoraron.

Me quedo con sus mujeres, multicolores en sus atuendos, dignas, elegantes, con los hijos colgados a la espalda o a sus pechos, como una prolongación de su ser…. Trabajadoras incansables, cargando sobre sus cabezas lo impensable, productos de los huertos, agua, materiales de construcción, las azadas con las que trabajan la tierra… Son increíbles y sin lugar a duda el sostén de su país.

Con sus hombres, colina arriba y abajo en bicicletas multicolores, transportando cargas inmensas a través de los caminos terrosos, de carreteras, trabajando en las obras, en los campos…

Con el paisaje, con su verdor, colina tras colina, con sus lagos y con esos volcanes que intuimos pero nunca llegamos a ver claramente…

Con la agricultura, base de la economía de este país. Colinas trabajadas a golpe de azada y machete. Allá no hay mulos ni máquinas, solo trabajo manual. Mucho trabajo.

Con el sabor de sus verduras y sus frutas, sazonadas, en su punto, maravillosas…

Con el colorido de sus mercados, de su paisaje, de su gente recorriendo incansablemente los caminos…

Con sus cantos, sus bailes, con su alegría, también con su tristeza…

Con su luz, tamizada por la niebla….

Me quedo sobre todo con la esperanza y el deseo de que no tengan que abandonar su país por no poder tener una vida digna; por el derecho de la población a la educación, a un sistema de salud de calidad, a la erradicación de la desnutrición; por el derecho al agua y a la luz… por una Ruanda libre y en convivencia.

Ese es mi deseo y supongo que el de cualquiera de las personas que hemos hecho este viaje…. ¡Ojalá lo consigan! ¡en ello están!

Gracias a medicusmundi por su trabajo en ese país, por su enfoque y su perseverancia, por su evolución y por sus logros.

Por la oportunidad de poder realizar este viaje de su mano y ver todo lo que hemos visto, desde dentro, de la mano de Pierre, hospitales, centros de salud, colegios, etc, un privilegio más que recomendable.

Gracias a Natalia, por ser una excelente organizadora, por su eficiencia y entrega, por su profesionalidad y porque hemos aprendido un montón gracias a ella ¡¡eres un tesoro!!

Me quedo con cada una de mis compañeras y compañeros de viaje… ¡¡MURAKOZE!! Gracias a todas las personas integrantes de nuestro grupo, los de aquí y los de allá. Ha sido un placer tomar parte de esta experiencia y una satisfacción haberos conocido ¡¡un abrazo enorme!!

Marian Yarnoz Andueza


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