Desde hace varios años era conocedor de que medicusmundi, entidad a la que pertenezco, organizaba diferentes viajes a Ruanda, y pensaba… ¿Alguna vez podría yo ir allí? La respuesta era fácil: No, no puedo. El trabajo me lo impide. Y así año tras año.

Sin embargo, cuando a principios de este año salió el anuncio de ‘’¿Quieres conocer Ruanda?’’ no me lo pensé dos veces. Además el trabajo ya no sería ninguna excusa, pues terminé mi etapa laboral a comienzos de 2019.

No soy persona acostumbrada a viajar a otros países (hace muchos años fui a dos), no me manejo con los idiomas; ni francés, ni inglés ni mucho menos con el Kinyarwanda (idioma del país), así que en ese sentido muy fácil no lo tenía. Pero si confiaba y creía en el grupo, todo sería más fácil, y por ello aposté.

Antes de emprender el viaje quise conocer un poquito aquello. Artículos, informes, libros… de lo que allí nos encontraríamos. Gracias a medicusmundi lo conseguí.

Una vez formado el grupo, con mayoría de personas del ámbito de sanidad, abogados, periodistas… llegué a pensar ‘’¿Qué pinta aquí un soldador en paro como yo?’’. Pero estaba decidido. Haré lo que pueda, como los demás.

Una vez en Ruanda, nos pusieron al día en cuanto a la verdadera situación del país, nos informaron y nos dieron muchos datos sobre la situación sanitaria y su organización.

  • El Hospital de Nemba. Lo que hacen, cómo lo hacen, las necesidades que tienen… también de los progresos que han llevado a cabo desde sus inicios hasta el día de hoy.
  • Visitamos centros de salud, también puestos de salud… En definitiva, la forma en la que organizan su sistema sanitario.
  • Conocimos escuelas donde nos explicaron su situación; con dos turnos de clases, uno por la mañana y otro por la tarde. Con una media de 40-45 peques por maestro/a.

Ruanda es un país superpoblado, 530 personas por km2. Eso nos resultó fácil de creer; ya que por todos los sitios veíamos personas. En Kigali (capital), en carreteras, pistas, caminos, colinas, en sus campos… Por cualquier sitio que mires ves a personas que vienen y van.

Es un país pequeño, ocupa menos extensión que Galicia, pero tiene 12 millones de habitantes de población. Es el país de las «mil colinas»; todo es cuesta arriba o cuesta abajo, tienen sus volcanes (por suerte, inactivos) así como bastantes lagos. Por ello pertenecen a los «Grandes Lagos de África».

La bicicleta es su principal medio de transporte, tanto de personas como de mercancías. Cualquier cosa, por rara que parezca, puede ser llevada en una bici, lo hemos visto con nuestros propios ojos.

Es un país limpio, mucho más que el nuestro, a pesar de no contar con excesivos medios, las calles, caminos, poblados o aldeas están limpios. Quizá demasiado para nosotros y nosotras.

Es uno de los países pioneros en anular el plástico de un solo uso, no hemos visto ni una sola bolsa de plástico ni en tiendas ni en mercados, salvo las nuestras.

Si me quedo con algo de Ruanda, destacaría la sonrisa de los peques, sus abrazos o los choques de manos, y la felicidad que nos transmiten a los «muzungos» (blancos).

También el colorido de la ropa de las mujeres. Ellas son alegres y muy orgullosas. Además del color verde del país, el colorido de los mercados, el rojo de la tierra de algunas pistas y caminos, así como el brillo de muchos tejados de chapa, que ocupan buena parte de las citadas colinas.

Era época de secano, pero cuatro o cinco días vimos llover. Decía Pierre, un nativo, que eso era cosa del cambio climático… ¿Quién sabe…?

Resumiendo, un viaje que no olvidaremos fácilmente, que lo recordaremos durante muchos años, y que nos ha sorprendido mucho y para bien. Es un país pobre, que necesita ayuda externa, pero que está avanzando de una forma firme.

Todo tiene un «pero». Puede ser que lo que ocurrió en el 94 vuelva a suceder. Si los problemas de entonces no se tratan de esclarecer y de exigir responsabilidades, la historia se puede repetir. Nuestro país, precisamente, no es un ejemplo a seguir. Ojalá aquello no pase nunca más, ni en Ruanda ni en ningún otro sitio.

La experiencia ha sido superpositiva, quién sabe si volvamos a ver los progresos del país, así como de sus gentes. Apuesto por ello.

Francisco Javier Neri

P.D.: Para pensarlo, ¿Podemos imaginar conocer el país en bici, como lo hacen allí?


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