Cuando una enfermedad sigue matando cada año a tantas personas como la malaria, 435.000 en 2017, es que algo falla en un mundo en el que vivimos a velocidades distintas según la riqueza de que dispongamos: mientras que en los países ricos existen fármacos para prácticamente cualquier enfermedad, hay enfermedades en torno a las cuales la investigación no se ha desarrollado tanto, fundamentalmente por afectar solo a países empobrecidos.

Es el caso de la malaria: África sigue soportando el 90% de los casos de todo el mundo, así que no es difícil establecer la correlación entre pobreza y falta de investigación. Aún así, tenemos buenas noticias: esta semana hemos sabido que va a comenzar la primera vacunación masiva contra esta enfermedad.

Unos 360.000 niños y niñas serán inmunizados en Malawi, Ghana y Kenia para probar la eficacia de un fármaco que podría salvar muchas vidas, siempre y cuando se demuestre una eficacia en condiciones reales y un coste beneficio mayor a las iniciativas existentes hasta el momento, y sea accesible económica, social y culturalmente a las poblaciones más vulnerables, que son quienes más sufren esta enfermedad.

Un paso adelante en un momento en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS), alerta de que durante el periodo 2015-2017 no se registraron avances significativos en la reducción de los casos de malaria: la cifra de muertes en 2017 fue prácticamente igual a la del año anterior y en los 10 países africanos más afectados por la malaria, se estima que hubo 3,5 millones más de casos que el año anterior.

La lucha contra la malaria va mucho más allá del acceso a los medicamentos. El acceso a mosquiteras, la fumigación de interiores, el diagnóstico temprano… todo ello enmarcado en una estrategia clave para luchar contra cualquier enfermedad: la prevención.

Y para prevenir, lo más eficaz es contar con sistemas públicos de salud fuertes, a los que toda la población pueda tener acceso sin barreras económicas o de otro tipo. Sistemas de salud abiertos a la población, porque como nos dice nuestro compañero Carlos Mediano, presidente de :

La participación comunitaria es clave desde que comenzamos cualquier intervención. Si no hay apropiación, no podremos controlar la enfermedad. Lo que quiere decir que la participación debe ser activa. Recuerdo hace unos años en Camerún como la distribución de mosquiteras hacia las comunidades pigmeas no se complementó con acciones para formar e informar a esas comunidades, y éstas usaron las mosquiteras para pescar o como almohadón, pues no asumían que esta enfermedad se transmitía por la picadura de un mosquito.

Con esa idea trabajamos, por ejemplo, en Senegal, donde la malaria afecta a 3 de cada 10 personas y sigue provocando una alta carga de enfermedad y mortalidad en muchas zonas.

Allí medicusmundi NAM estamos apoyando al sistema público de salud, que ya lleva avanzado lo suyo: su Plan Nacional de Desarrollo Sanitario 2009 – 2018 ha sido reconocido por la OMS por los importantes resultados en la reducción de la mortalidad infantil y juvenil y en la prevención y control de enfermedades como la malaria, el VIH/SIDA o la poliomelitis, entre otras.

Nuestras intervenciones no suelen centrarse nunca en una enfermedad en concreto, sino que van encaminadas a mejorar los servicios que se prestan en los centros de salud y también a incidir sobre los factores que influyen sobre la salud de las personas. Nuestro compañero Juan Carlos Verdugo, te lo explica muy bien en este vídeo:

Pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que en determinados momentos, dentro de esta estrategia de apoyo global a la mejora de la Atención Primaria de Salud, no se trabaje sobre enfermedades concretas. Seguimos con el ejemplo de Senegal:

  • Una de nuestras líneas de trabajo es la mejora de la formación del personal de salud y en esas formaciones sí se ha trabajado de manera específica el diagnóstico de la malaria.
  • Igual pasa con el trabajo comunitario, que se traduce en la formación de personas del barrio que puedan ayudar a mejorar la salud de sus vecinos y vecinas. Son los y las agentes de salud comunitaria, a los que se ha formado en muchos temas, entre ellos, la prevención de la malaria, para que luego den charlas y sensibilización a la gente que tienen más cerca.
  • También relacionado con el trabajo de la comunidad, hemos organizado junto con el Consejo de Barrio de Léona/HLM en la ciudad de Saint-Louis, jornadas de limpieza del barrio, donde la comunidad participa directamente en la eliminación de posibles reservorios de los mosquitos transmisores de la malaria, previa información y discusión con todas las personas de la comunidad para que conozcan mejor esta enfermedad.

Así que ya sabes, si te gusta lo que hacemos y quieres apoyar nuestro trabajo, ¡es el momento!