Costó conseguir cerrar el viaje, pero finalmente lo conseguimos. Cris y María, una matrona y una estudiante de último curso de Farmacia, madre e hija nos fuimos a Churcampa, en el corazón de los Andes peruanos, en agosto; abandonando el calor sofocante de Madrid para sustituirlo por el clima andino, bastante más fresco sin duda.

Íbamos al Centro de Salud de Churcampa, pero para llegar hasta allá pasamos por Lima, una urbe grande, ruidosa, cosmopolita, de cielo permanentemente nublado, a orillas del Océano Pacífico, con un centro histórico que es Patrimonio de la Humanidad, con plazas, iglesias, balcones y calles de gran belleza, con comercios tradicionales y otros mucho más modernos, con casas y palacetes de estilo colonial, con un tráfico imposible y con una oferta a todos los niveles que daría para estar allí muchas semanas.

También pasamos por Huamanga (Ayacucho), capital del departamento que lleva su mismo nombre. Una ciudad no tan grande, pero señorial y acogedora. Pasear por sus calles, visitar sus iglesias, museos, miradores; sentarse a comer en algunas de sus terrazas, entrar en su mercado central (no habíamos visto tanta y tan variada fruta nunca) o darse una vuelta en un motocarro son solo unas pocas actividades que esta ciudad ofrece.

Pero para llegar a Churcampa todavía faltaba una escala, Huanta, la bella esmeralda de Los Andes; ubicada en un enclave geográfico que hace de ella merecedora de ese nombre. Allí degustamos uno de los platos estrella peruanos, el Cuy, paseamos por sus calles, subimos al mirador, vimos sus cataratas e incluso nos compramos unos uniformes de obstetra y química farmacéutica.

Y finalmente llegamos a Churcampa; un pequeño pueblo de la montaña andina, situado a 3.300 metros de altura. Pese al frío andino, resultó ser un sitio cálido, no por su temperatura, que era más bien gélida, sino por la gente que allí habita. Gente sencilla, muy agradable y acogedora. Nuestro destino era el Centro de Salud.

Para mí, como matrona, profundizar en el respeto intercultural con la mujer en las diferentes etapas de su vida y más concretamente en el seguimiento del embarazo, parto y puerperio; y para María, como estudiante de Farmacia, tener su primer contacto con la gestión y el manejo de un establecimiento farmacéutico eran nuestros objetivos. Y lo cierto es que los profesionales de dicho Centro nos dieron todas las facilidades y nos acogieron con un cariño y una calidez que nos dejaron con ganas de volver. Se hizo corta la estancia. Poder conocer un lugar tan diferente al de nuestra procedencia y poder conocerlo desde dentro, no como turistas, sino como profesionales, es un regalo.

He de confesar que pocas veces hemos pasado tanto frío. Frío, que la señora Feli nos sacaba del cuerpo con sus sopas y sus deliciosas comidas. Es divertido comprobar que, aunque compartamos idioma los españoles y los peruanos, muchas expresiones coloquiales son tan diferentes, que entenderse es menos fácil de lo que en principio pueda parecer. Y hemos de decir también, que pese a ser dos personas física, lingüística y culturalmente diferentes a los habitantes de Churcampa, en ningún momento nos hicieron sentir diferentes.

Estamos profundamente agradecidas a medicusmundi por haber podido vivir esta experiencia única; a Marcela y Fernando que desde Lima hicieron muchas gestiones, a Sonia que era nuestro “enlace” de la organización en Churcampa y que en todo momento estuvo pendiente de nosotras y a Luz y a todo el personal del Centro de Salud por acogernos, enseñarnos, mostrarnos su forma de trabajar y poder colaborar con ellos.

Ha sido una experiencia muy gratificante a nivel profesional y personal.

Hemos elaborado una pequeña película con nuestro paso. Ahí va.


Cristina Moreno y María Bonilla