Esta pregunta se repite en mi casa a la hora de la comida todos los días. Por eso, que exista un Día Mundial del Lavado de Manos me llamó la atención. Algo tan sencillo y cotidiano, una de las primeras tareas que aprenden a hacer solos los peques de la casa… ¿seguro que necesita un día mundial?
Pues parece que sí, porque depende de dónde te toque vivir, no parece una tarea ni tan sencilla ni tan cotidiana. Y que nos hagamos conscientes de ello es cosa interesante.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el Día Mundial del Lavado de Manos el 15 de octubre y aconseja hacer este gesto al menos antes de cocinar, antes de comer y después de ir al baño o de limpiar a un bebé. Y no basta con un simple enjuagado, sino que hay que lavarse “bien-bien” con agua y jabón. Así los gérmenes se van por las tuberías y evitamos diarreas, enfermedades cutáneas y respiratorias. Un pequeño gesto, muchos beneficios.

Ahora bien, en varias páginas de consumo leo que en cada lavado de manos “en condiciones” se gastan unos 2 litros de agua.

¿Qué pasa entonces si la fuente más cercana a tu casa la tienes a varios kilómetros de distancia, y tienes que caminar 45 minutos de ida y 45 de vuelta -que alguno más será si vuelves cargando con 25 litros de agua en el bidón-? ¿Priorizarías lavarte las manos o las de tus hijos/as gastando 1 ó 2 litros cada vez… o guardarías el agua para cocinar, beber? ¿Y si te digo que según la OMS, el consumo apto mínimo para una persona/día es de 50 litros?

Efectivamente, la tarea sencilla y cotidiana del lavado de manos se nos empieza a complicar…

En medicusmundi queremos contribuir a que complicaciones como estas lo sean cada vez menos, y para ello trabajamos en los pueblos de los sectores de Nemba, Karambo y Kamubuga (Gakenke-Ruanda), donde actualmente:

El 86% de las familias no tienen un sistema de lavado de manos en su casa, únicamente tienen una palangana o vasija (sin grifo, sin desagüe).

El 37% no tienen nada para secar los utensilios de cocina, y los dejan en el suelo después de lavarlos. Tampoco tienen muebles adecuados para guardar la comida

Alrededor de la mitad de la población no hierve el agua antes de usarla, porque no tienen dinero para comprar leña.

En Nemba, Karambo y Kamubuga el terreno es montañoso, lleno de colinas, y ahí es donde vive la gente y construye sus casas. Acceder a una fuente natural no es tarea fácil si vives en lo alto de una colina, y hacen falta medios económicos para poder instalar sistemas de agua que mediante tuberías lleven el agua desde esas fuentes naturales hasta las viviendas, aisladas las unas de las otras por lomas y pendientes. La distancia a recorrer por mujeres y niños/as para recoger el agua aún es mayor cuando llega la época seca y estas fuentes se secan; entonces tienen que caminar hasta el río.

También existen fuentes acondicionadas, con grifo y cementadas (hay unas 7 por cada sector), pero se encuentran cerca de las infraestructuras públicas, lejos de las viviendas, y en muy malas condiciones debido a la falta de recursos para su mantenimiento, al robo de tuberías, y a las inundaciones que arrastran todo tras de sí, más aún al estar construido en pendiente. Para poder usar estas fuentes, además, hay que pagar aproximadamente un céntimo de euro por cada bidón de 20 litros, y pocas familias pueden pagar ese dinero.

Chantal, trabajadora social en el Hospital de Nemba, en Gakenke

Por su parte, los centros de salud utilizan cisternas que recogen el agua de lluvia, o a veces conectadas a fuentes naturales mediante tuberías pero sigue estando el problema de que cuando llega la época seca, esas fuentes no tienen agua.

Ante este panorama, desde medicusmundi seguiremos apoyando la mejora del acceso al agua en Ruanda. Esto es lo que nos hemos planteado para los próximos tres años:


Nerea Araujo Barón

Voluntaria de medicusmundi NAM