Han pasado solo seis días desde que aterrizamos, ya de noche, en el aeropuerto de Kigali, Rwanda,  también conocido como el “país de las mil colinas” -ahora sabemos por qué, no hemos parado de subir y bajar cuestas, algunas solo aptas para cabras…-. En realidad solo llevamos cinco días descubriendo y viviendo la fascinante historia y cultura de este pequeño país -aunque densamente poblado- en la zona de los Grandes Lagos de África -al sur del Ecuador y en el centro este-, así como la importante labor de medicusmundi, organizadora del que es ya el cuarto viaje en grupo para sensibilizar sobre la pobreza y la imprescindible atención a la salud, con la necesaria implicación de la sociedad.

Somos 12 viajeros, 10 mujeres y 2 hombres. 9 personas de Navarra, 2 de Aragón, 1 de Madrid y 1 de Barcelona, sin olvidar a la coordinadora del grupo, Natalia Herce, que nos “aguanta” con paciencia y buen humor. Solo seis días decía, porque en tan poco tiempo te sientes ya de alguna manera cada vez más enamorada de las gentes de Rwanda que, tras el cruel genocidio que hace 24 años se cobró la vida de más de 800.000 personas y que sumió al país en las tinieblas, parecen empeñadas en recobrar la luz,
la alegría, la esperanza.

medicusmundi apoya estos esfuerzos con la ventaja de que ya estaba aquí mucho antes, desde que en los años 70 un grupo de misioneros navarros recalaron en el distrito de Gakenke, al noroeste, cerca de la frontera con Uganda y Congo, y vieron las enormes necesidades, proponiendo la creación de un hospital en Nemba. Un hospital de referencia hoy para 250.000 personas y considerado el origen de la Cooperación Navarra por ser el primero en recibir ayudas forales.

 

Entre altas montañas y cientos de verdes colinas plagadas de plataneros y otros cultivos, hemos visitado el hospital y el centro de salud de Nemba, otro centro de salud en Rutenderi, dos cooperativas, dos escuelas, una guardería…, charlando ampliamente con sus responsables y viendo in situ los avances logrados pero también las enormes necesidades aún pendientes. El Gobierno ruandés, según nos aseguró el alcalde del distrito, Deogratias Nzamwita, está decidido a acabar con la malnutrición, a facilitar servicios médicos y educativos de calidad y a hacer avanzar el desarrollo del país -12 millones de habitantes-. Pero no es camino fácil.

Emociones…

Las miradas sorprendidas de los niños al ver a los muzungu -blancos, en kinyarwanda-y sus risas una vez roto el hielo… Las mágicas danzas ancestrales de las mujeres rwandesas que nos reciben y acogen con danzas y bailes… La profesionalidad del personal de establecimientos sanitarios y educativos que nos explican con detalle su trabajo, pese a sus escasos salarios y a la falta a veces de medios o a la vejez y el deterioro de las instalaciones.

Y por las colinas, niñas (de azul) y niños (marrón claro) camino del colegio con sus uniformes y unas desgastadas chancletas. Otros, por contra, trabajando en el campo… Mujeres con bebés a la espalda y cargando enormes pesos sobre la cabeza… Hombres con bicicletas repletas de bidones de agua… intentando subir empinadas cuestas…

Son tantas las sensaciones, los pensamientos, las emociones que nos embargan… Indignación y vergüenza ajena por venir de países colonialistas primero -con el consiguiente saqueo de recursos- y “descolonizadores” después -según los intereses de las potencias occidentales y no de los africanos- se mezclan al mismo tiempo con la mayor o menor esperanza en la cooperación a través de ONGD dignas como medicusmundi… Pesimismo y optimismo. Luces y sombras… Sin duda van a ser dos semanas, eso sí, que nunca olvidaremos. O al menos así lo espero, por ser este viaje una gran oportunidad para conocer e incluso VIVIR de cerca realidades olvidadas y tremendamente vergonzosas para la ¿Humanidad? del siglo XXI.

Seguiremos informando.


María Jesús Castillejo, periodista
20 de junio de 2018