“Esta relación no funciona, no me haces bien, dependo demasiado de ti, y ya resultas tóxico. No quiero que sigas haciéndome daño, ni a mí ni a los demás. Y hay otra cosa… he conocido a alguien.”

Algo así podríamos decirle al plástico un día de estos si nos atreviéramos. Y atención a ese “he conocido a alguien” porque en ese momento de la ruptura sentimental, vas y sacas del bolso una botella de vidrio o una bolsa de tela. Lo clavas.

Parece cosa de risa, pero no lo es. El Día Mundial del Medioambiente, 5 de junio, nos dice alto y claro que existe vida detrás del plástico y que es nuestra responsabilidad ir a buscarla, porque este material inventado allá por 1860 nos está inundando el planeta.

¿Inundando? ¿Tanto?

Un ejemplo de cerca y otro de lejos (lo pongo así por si aún creemos que hay cosas que nos incumben más y otras menos…)

De cerca: hace unos días un amigo compartió en Facebook la foto de unos gajos de naranja, drásticamente alienados de su envoltorio original -de la naranja, vamos- y colocados en fila en una bandeja de poliespan. Así, separaditos unos de otros, envueltos en papel film, y listos para la venta en un supermercado. Sin cáscara. Sin naranja. “Estamos locos, o qué?” decía mi amigo. Pues un poco sí. Nuestro modelo de consumo hace que lleguemos del super a casa y en un minuto llenemos el cubo de la basura con envases de un solo uso. Eso nos pasa a mí y a ti cada semana. Sólo un dato: cada año en España tiramos 3.500 millones de botellas de plástico. Piensa, ¿tú cuántas usas al mes? ¿Y bolsas? ¿Cuántas usas?… ¿y cuántas podrías no usar?

El ejemplo de lejos: hemos creado en el océano Pacífico una isla de basura que alcanza ya el tamaño de Francia, Alemania y España juntas. Cuando leí el titular pensé, “hace falta ser marranos”. En mi ignorancia imaginaba millones de envases y bolsas flotando en el mar… pero no. Resulta que la llamada isla es mucho más complicada y peligrosa: se trata de una especie de sopa de desperdicios, formada por corrientes de agua, y que según los últimos estudios, está compuesta por 1,8 billones (¡!) de piezas de plástico, algunas grandes, pero en su mayoría con un tamaño menor a 5 milímetros. Estos microplásticos se crean a partir de la fragmentación de piezas mayores, ya que el plástico nunca termina de degradarse, y son invisibles al ojo humano. Se van hundiendo a tanta profundidad que no se sabe el efecto que pueden tener en los delicados ecosistemas oceánicos; los peces los confunden con alimento, y a partir de ahí la cadena alimenticia también queda alterada.

Son solo dos ejemplos. Y si una se pone a investigar sobre la basura que generamos, la velocidad a la que la generamos, y la desfachatez con la que nos deshacemos de ella, resulta desalentador. Pero quedarse en estado de shock no encaja precisamente con el espíritu de medicusmundi, así que mejor nos ponemos manos a la obra, que el medioambiente tiene mucho que decir sobre la salud de las personas.

Te contamos, por ejemplo, uno de nuestros proyectos en América Latina: en los pueblos de Ciudad Darío y Terrabona (Nicaragua) hemos colaborado en la construcción de vertederos controlados y en la colocación de papeleras públicas: los residuos ya no se amontonan en las cunetas ni en el campo de fútbol, que se estaba convirtiendo en un enorme basurero. Ahora los deshechos se separan en estos vertederos: por un lado la materia orgánica para hacer compost, y por otro el plástico para ser vendido, reciclado, reutilizado en talleres… etc.

Además se han construido mataderos para vacas y cerdos, de modo que ya no son las familias quienes matan los animales en sus casas con el consiguiente vertido de sangre y desperdicios por las calles y las alcantarillas.

La concienciación de lo bien que se está sin malos olores y sin suciedad viene a cargo de las brigadas de limpieza: jóvenes del pueblo que, tras haber sido formados al respecto, visitan las casas y recorren las calles con megáfonos, explicando cómo hacer para seguir teniendo el municipio limpio.

Aquí tienes más información sobre este proyecto.

Y como si de una brigada de limpieza se tratara, precisamente el pasado 3 de mayo, los Grupos de Acción Social de medicusmundi en Burlada, aprovechando que no había clase, subieron al monte Ezkaba, y esta fue la basura que recogieron.

Mirando esta foto se hace inmediato pensar en qué transformación llegaría si tomásemos en las manos nuestro papel como ciudadanía activa. El proyecto medicusjoven pone justamente el acento en esa potencia de cambio social que late en cada joven, en cada persona, y anima a ponerla en juego. Te invitamos a conocerlo aquí.

Limpiezas públicas de montes, ríos y playas en nuestras ciudades son cada vez más habituales, y aunque hay quienes argumentan que este tipo de acciones no abordan las causas reales de la contaminación (limpiar una playa no cambia el hecho de que la marea vuelva a traer más plástico de mar adentro), son acciones que nos mantienen alerta y con la mirada bien puesta en el horizonte, que es exigir la reducción del plástico innecesario en su origen, diseñar productos menos nocivos y desarrollar mejores procesos de reciclaje.

El 5 de junio es un día para que todos y todas nos apropiemos de la naturaleza que nos rodea y protejamos activamente la tierra que habitamos. Nadie va a venir a hacerlo por nosotros. Somos tú y yo quienes podemos meter en el bolso nuestra bolsa de la tela o de cartón para ir a la compra (por ejemplo) y decirle ese “lo nuestro se ha acabado” al plástico innecesario de nuestro día a día.

Por cierto, esa ruptura sentimental de la que te hablaba, la tienes en este genial vídeo

Échale un vistazo, y compártelo. Dale cuerpo de este y de todos los modos que se te ocurran al Día Mundial del Medioambiente. Es tuyo y mío.


 

Nerea Araujo Barón. Voluntaria de medicusmundi NAM


La foto de cabecera es de Agbogbloshie Makerspace Platform en Flickr.