La malaria o paludismo es una enfermedad producida por un parásito, el plasmodium, cuyo mecanismo de transmisión más frecuente es la picadura del mosquito anopheles. Esta enfermedad ha acompañado a los seres humanos desde hace millones de años, y algunos autores han considerado que ha matado a la mitad de toda la humanidad que ha vivido en nuestro planeta.

Gracias a los Objetivos de Desarrollo del Milenio la malaria ha sido entre los años 2000 y 2015 una prioridad a nivel mundial, recibiendo una atención privilegiada económica y política que solamente 2 enfermedades transmisibles más, el VIH-SIDA y la tuberculosis, han tenido en esa época. Se consiguió pasar de más de un millón de muertes por la malaria en el año 2000 a 445.000 en 2016 (mayoritariamente menores), reduciendo también considerablemente el número de casos. Esta evolución permitía albergar las esperanzas de que en un plazo medio pudiéramos controlar la malaria, e incluso se hablaba de erradicar esta enfermedad.

En África se concentran el 90% de los casos mundiales de malaria

Sin embargo, el informe mundial de la malaria de 2017 nos avisa de un estancamiento del progreso global en los últimos años. Desde 2014 hay regiones mundiales que están aumentando el número de casos, sobre todo en la región americana, y aunque de forma muy leve, también sucede en África, donde se concentran el 90% de los casos mundiales, sudeste de Asia y Pacífico del Oeste.

De hecho el director de la OMS advierte en ese mismo informe que, si seguimos como hasta ahora, deberemos hacer frente a más muertes y casos debidos a esta enfermedad. Hay incluso algunos expertos que opinan que el cambio climático puede hacer que zonas libres de malaria, como Europa, puedan volver a ser “reinfectadas” por el plasmodium, lo que globalizaría aún más el problema.

Las causas de este estancamiento en los progresos son múltiples. Solamente destinamos la mitad de la cantidad necesaria para conseguir los objetivos propuestos en la lucha contra el paludismo para 2020. Y en los últimos años ha habido una reducción en la inversión en esta enfermedad a nivel mundial, sobre todo en algunos países con una alta carga de enfermedad. La mejor medida de prevenir esta enfermedad es con mosquiteras impregnadas de insecticida, pero, a pesar de los avances logrados, solo el 54% de las personas que viven en África duermen debajo de una mosquitera.

La experiencia nos ha demostrado que luchar exclusivamente contra una enfermedad no tiene mucho sentido mientras no tengamos sistemas sanitarios públicos fuertes

Más dinero, más recursos técnicos y humanos, más medidas preventivas, más capacidad diagnóstica, más investigación…. son absolutamente necesarios, pero no son suficientes. Si queremos luchar contra la malaria debemos tener una visión más global. Las experiencias de los últimos años nos han demostrado que luchar exclusivamente contra una enfermedad no tiene mucho sentido mientras no tengamos sistemas sanitarios públicos fuertes que permitan sostener los logros específicos alcanzados en la lucha contra una enfermedad. La población debe participar en las decisiones en salud, por lo que es imprescindible que tengan mayor conocimiento sobre esta enfermedad. Y debe impulsarse una conciencia global de entender la salud como un derecho y no como una mercancía.

¿Cómo podemos luchar contra la malaria en África cuando en esa región solamente un 34% de los niños y niñas con fiebre se les lleva a una institución sanitaria? ¿Los acuerdos internacionales comerciales ayudan a que el acceso a medicamentos de las personas vulnerables esté por encima de otros intereses económicos o políticos? Los países donde esta enfermedad es muy prevalente, ¿priorizan la salud de su ciudadanía en sus presupuestos y contemplan los efectos de la salud en todas sus políticas? ¿Las políticas sanitarias globales y locales se basan en la evidencia?

La capacidad de adaptación del parásito que transmite la malaria a los tratamientos, incluyendo los insecticidas, es muy alta, por eso ha seguido con nosotros hasta ahora. De hecho, en algunos países se consiguió erradicar y luego ha vuelto a aparecer, lo que demuestra que es un problema global, que no se solucionará exclusivamente con medidas locales. Pero la humanidad también tiene gran capacidad de adaptación, con el valor añadido de que puede soñar para cambiar las cosas. Soñemos, creamos en esos sueños, pensemos en cómo realizarlo y actuemos en consecuencia. En este caso, solamente necesitamos asumir realmente que la salud es un derecho de todas las personas y actuar en consecuencia.

No vamos a poder acabar ni con la muerte ni con la enfermedad, es algo inherente al ser humano desde que nace. Pero sí podemos poner todo nuestro empeño en luchar contra las muertes y el sufrimiento evitables, como los que provoca la malaria. Tenemos el conocimiento, los recursos necesarios, y las capacidades técnicas y humanas para conseguirlo. ¿Te unes a medicusmundi para ayudarnos a hacerlo realidad?

Carlos Mediano
Presidente de medicusmundi internacional