Fue sin duda alguna el momento más emotivo del viaje que acabo de realizar a Rwanda acompañando a un grupo de 12 personas. Enterrar en el jardín de la casa donde vive su gran amigo Mariano Pérez-Arroyo, una pequeña parte de las cenizas de Miguel Ángel Argal, fundador de medicusmundi en Navarra, fue cerrar 45 años de historia de un hombre que llevó a Rwanda en su corazón desde que la conoció en los años 70 del siglo pasado.

Falleció el pasado 1 de abril y el día de su incineración, un amigo suyo propuso que recogiéramos parte de sus cenizas para llevarlas a Rwanda. Y la familia estuvo de acuerdo en que a Miguel Ángel le gustaría que una parte de él permaneciera para siempre en su querido país de las mil colinas.

Fue lo primero que metí en la maleta. Un pequeño bote de cristal que me entregó Alfredo Amilibia, amigo y fiel escudero de Miguel Ángel en medicusmundi, quien además le acompañó en el que fue su penúltimo viaje a Rwanda el pasado noviembre, junto con sus amigos de la Fundación Napardi.

grupo napardi en KigufiMe preocupaba que se me olvidara, que se rompiera, que me pusieran pegas en el control de equipajes…. Pero el destino quiso que una parte de Miguel Ángel llegara sin problemas a su amada Rwanda.

Y el domingo 25 de junio, en un sencillo y emotivo acto, las 13 personas que participamos en el viaje organizado por medicusmundi, junto con su querido Mariano, depositamos ese pequeño bote de cristal con las cenizas de Miguel Ángel en una preciosa caja de madera hecha exprofeso para ello, acompañadas de un ejemplar del libro “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad.

cajaLa caja fue enterrada en el jardín de la casa que tantas y tantas veces había ocupado Miguel Ángel cuando visitaba Rwanda, y en la que tantas y tantas horas de conversación había tenido con su amigo Mariano, un neurólogo catedrático, que prefiere reconocerse como “médico de pueblo”, en honor a sus orígenes en la profesión que tanto ama y que también ahora le toca ejercer en el Hospital de Nemba.

Sobre la caja plantamos unas preciosas rosas, que seguro alegrarán a Miguel Ángel en sus ratos de lectura.

poniendo rosas

A continuación Mariano nos leyó un bonito texto que había escrito para la ocasión su amiga Consuelo López-Zuriaga. En él contaba que hay dos palabras que resumen lo que siempre admiró en Miguel Ángel: transgresión y visión.

La primera, tiene que ver con su valentía para salirse del guión de lo que hubiera sido su destino. Para romper con lo que se esperaba de él y transgredir. Y en esa transgresión, renunciar a las poltronas vaticanas y a las sotanas de muaré para acabar en Nemba.

La segunda, está relacionada con su capacidad para construir algo diferente. En la aislada España de los sesenta, había que tener visión e “inteligencia política” para conectar con lo que estaba pasando en un mundo que vivía radicales transformaciones. Eran tiempos de enormes cambios: los procesos de descolonización y la construcción de las identidades nacionales habían desbaratado la geopolítica; y al mismo tiempo, el activismo y una sociedad civil emergente, exigían espacio político y una revisión de las relaciones de poder. Miguel Ángel supo verlo, y tuvo una mirada abierta al mundo para construir un proyecto, que de alguna manera, contribuyera a combatir la injusticia de la pobreza.

Y tras leer la carta de Consuelo, Mariano nos habló de Miguel Angel. De su brillante carrera académica que no llegó a desarrollar por volcarse en Rwanda, de cómo le conoció, de cuánto aprendió a su lado, de cuántas películas vieron juntos en esa casa de Rwanda en cuyo jardín permanecerá Miguel Ángel para siempre, de cuánto compartieron… y qué mejor que os cuente el mismo quçe supuso Miguel Ángel en su vida. Os dejo con él.

casa mariano

Mi amigo Miguel Angel

Cuando recibí la noticia de la muerte de Miguel ya había regresado a Rwanda y una sensación de irrealidad me acompañó durante varios días. Después, lentamente, un sentimiento de culpa fue apoderándose de mi. Me invadía la idea de que no había hecho todo lo necesario para que esto no ocurriera.

En el día a día de mi trabajo en Nemba, la realidad de su ya definitiva ausencia me asaltaba en los momentos mas inesperados.

Mi referencia mas importante en este «corazón de las tinieblas», ya no existía.

¿Podía existir Nemba sin el? No lo comprendía, pero sobre todo no lo sentía como posible. El había configurado mi destino y una parte importante de mis convicciones.

Mi trabajo, siempre había estado acompañado por su presencia. Cada logro realizado, cada pequeña mejora del hospital, cada paciente cuidado con acierto, se unía a su recuerdo. Era entonces cuando su imagen surgía con fuerza y me decía aquello de «tengo que contárselo a Miguel Ángel».

Sabía que en los últimos años, cuando ya le era difícil venir aquí, el se sentía físicamente presente en Nemba a través de mi y yo había aceptado con honor esa responsabilidad. Hablábamos por teléfono y le ponía al día de lo importante y de lo intrascendente, como si estuviéramos juntos en el salón de esta casa, en una de nuestras eternas conversaciones. 

Se tarda tiempo en aceptar la realidad, es nuestra forma de defendernos de lo irremediable, pero poco a poco su ausencia fue apoderándose de los rincones de esta casa.

Cuando Natalia me llamó y me dijo que físicamente Miguel Ángel regresaría a Nemba, me inundó la ilusión y mis sensaciones cambiaron de forma mágica.

¡Construiríamos de nuevo! Otra vez compartiríamos juntos esta pasión.

Empecé a pensar donde y como lo haríamos.

En aquella pequeña caja, en ese pequeño acto, me hubiera gustado meter mas libros, toda una biblioteca, con algunos de nuestros libros de referencia. Esos libros que puedes leer una y mil veces y que tanto nos dieron para hablar. No fue posible, pero al menos pude ponerle el «Corazón de las tinieblas», que había dado origen a ese sentimiento de justicia universal que empapó en sus orígenes a la llamada cooperación al desarrollo.

Después leí en alta voz a Conrad, tratando de buscar con las palabras la justificación de las grandes pasiones humanas.

La pasión por África, «que habiéndose iniciado misteriosamente , como cualquiera de las grandes pasiones que los dioses inescrutables envían a los mortales, se mantuvo irracional e invencible, sobreviviendo a la prueba de la desilusión, desafiando al desencanto que acecha diariamente a una vida intensa», «mi gran pasión, la llamo grande porque para mi lo fue, aunque otros podrán llamarla insensato encaprichamiento, pero eso se ha dicho de toda gran historia de amor».

Y al final mas lentamente y con voz mas firme leí…

«y hay algo hermoso en el servicio que se rinde por otros conceptos que el de la utilidad personal»

Cuando terminé de leer me sentía feliz. Fue entonces cuando me dije y le dije.

«Querido Miguel Ángel ahora se porque no pude despedirme de ti. Tu ya lo habías decidido. Serías tu el que vendrías aquí. Pero no para  despedirte. Regresabas para que siguiéramos juntos compartiendo este «insensato encaprichamiento».

Cuando terminamos el pequeño acto, la tristeza y la ausencia se habían transformado en alegría y complicidad.

Murabeho Père Michel. DEP.

Mariano Pérez-Arroyo –  Natalia Herce.

jardin