El Derecho a la Salud no entiende de géneros ni de etiquetas, no entiende de orientación ni de identidad sexual. El Derecho a la Salud es algo que nos corresponde por el mero hecho de ser personas y que nadie debería poder negarnos. En el Día del Orgullo te contamos una historia para reflexionar sobre las dificultades a las que se enfrenta el colectivo LGTBI para ejercer este Derecho tan fundamental.

Adriana se encuentra mal desde hace unas semanas. Tiene fiebre, dolor de cabeza y náuseas. Aunque está convencida de que no es grave y evita siempre que puede acudir al centro de salud, opta por acercarse para ver si hay algún medicamento que le ayude a combatir esos síntomas que le hacen imposible acudir al trabajo.
Al llegar al centro de salud y sentarse en una de las sillas de la sala de espera enseguida nota como las señoras que allí esperan comienzan a cuchichear mientras la miran con disimulo. Intenta hacer como si no se diese cuenta y se pone a ojear una revista mientras aguarda su turno, deseando que esas señoras se marchen antes de que la llamen.
No tiene tanta suerte. Al escuchar el nombre que aparece en su documento de identidad se levanta y pasa por delante de ellas, la mirada al frente, la cabeza bien alta, fingiendo que no le afectan sus miradas y sus murmullos. Al entrar a la consulta se encuentra con un médico que la mira con la boca abierta desde su mesa, sin ni siquiera intentar disimular su asombro.
¿Alberto Cortés? – Murmura.
Sí. Soy yo– dice Adriana- pero todo el mundo me llama Adriana. Y espero que pronto también ponga eso en mi cédula de identidad.– Añade mientras sonríe.
Pero el médico no le devuelve la sonrisa y ni siquiera le invita a sentarse en la silla. Ella se sienta de todas maneras.
Existen lugares específicos para personas como usted.– Suelta el médico de repente.
¿Para personas como yo?– responde Adriana.- Este es el centro que me corresponde.
Puede ser pero aquí no tratamos su… problema– Añade el médico.
No creo que sea nada grave, sólo estoy un poco resfriada creo…
El médico se levanta y abre la puerta de la consulta mientras la invita a abandonar la sala.
Pregunte en información y allí le dirán dónde puede acudir sin coste alguno. Le harán la prueba del VIH y le recomendarán hábitos de vida saludable…
¡Oiga…!– Empieza a decir Adriana, deseando gritarle que su vida es muy saludable, que no tiene VIH, que se merece un respeto, que no hay derecho a que la traten así…. Pero la voz se le muere en la garganta cuando se da cuenta de que un grupo cada vez más grande de personas se amontonan al otro lado de la puerta, curiosas, expectantes… Le llegan murmullos de voces y risas contenidas. La rabia y la vergüenza le pueden más que el orgullo y se marcha del centro de salud, con la cabeza bien alta y sin mirar atrás, pero con lágrimas en los ojos. Se promete a si misma que no volverá mientras llama a un amigo para que le aconseje con qué puede auto-medicarse.

La historia de Adriana es ficticia pero podría ser verdad. Cada día, en todo el mundo, miles de personas homosexuales y transexuales son discriminadas, maltratadas e incluso ignoradas por los sistemas de salud por el simple hecho de tener una orientación o identidad sexual diferente.

Aunque parezca increíble no fue hasta 1990 que la Organización Mundial de la Salud no retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mundiales. Desde entonces han pasado muchas cosas pero el colectivo LGTBI se enfrenta a muchas dificultades para ejercer su Derecho a la Salud, un Derecho que les corresponde por el mero hecho de ser personas.

Si las personas LGTBI se siguen enfrentando a vulneraciones y discriminaciones en el ejercicio de su Derecho a la Salud en países de Europa o Estados Unidos, la situación es todavía más dura en otros países en los que ser homosexual es incluso un delito que puede conllevar penas de cárcel o incluso la muerte, y en los que la transexualidad o una identidad de género diferente ni siquiera es una opción… (Puedes consultar el Mapa sobre las Leyes de Orientación Sexual en el Mundo aquí)

La OMS señala que las personas LGTBI experimentan peores disparidades y resultados de salud que las heterosexuales. Presentan mayores tasas de infección por VIH, depresión, ansiedad, consumo de tabaco, abuso de alcohol, suicidio o ideas de suicidio por estrés crónico, aislamiento social, y desconexión de una serie de servicios de salud y apoyo. La falta de competencias de los profesionales de la salud para comprender y abordar los problemas de salud específicos de este grupo es otro de los desafíos.

En medicusmundi apoyamos y defendemos la lucha de este colectivo por defender sus Derechos y en especial su Derecho a la Salud, porque los derechos no es algo que pueden darte, sino algo que no pueden quitarte, independientemente de a quién decidas amar, o qué persona decidas ser…

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