Guillermo García-Almonacid es un madrileño prejubilado de la banca,  miembro de la junta directiva de medicusmundi, que forma parte del grupo de 12 personas que están visitando Rwanda. Con formación periodística, ha querido compartir en este blog sus primeras impresiones de un viaje que va a cambiar sus vidas. 

El viaje me ha cogido por sorpresa y no he dudado en hacerlo. Inicialmente no estaba entre los viajeros que van a vivir y compartir una experiencia de cooperación que medicusmundi ha organizado. Pero una baja de última hora me dio la oportunidad y no quise desaprovecharla.

El objetivo de este viaje es  conocer en el terreno lo que hace esta organización por conseguir que el acceso a la salud esté al alcance de todo ser humano, en este caso concreto en Rwanda. Empaparse un poco de lo que podríamos asumir como asignatura vital en nuestro día a día para contribuir a que la sociedad más desheredada esté incluida también en una distribución más justa de los rniñxsecursos.

Salimos algunos de Madrid (otros de Bilbao) y tras pasar fugazmente por Bruselas llegamos ya de noche a Kigali, capital de Rwanda, y más de noche aún a Nemba, zona en la que se desarrolla el proyecto que medicusmundi apoya en este país y que será la residencia para las 13 personas que componemos el grupo viajero.

La primera noche es de tránsito y de adaptación entre el cansancio del viaje y la nueva ubicación. Es el prologo de la observación para aplicar la primera impresión entre los nuevos compañeros y compañeras que vamos a comenzar a convivir de manera especial: tres Teresas, Paz, Raquel, Mariví, Natalia, Cristina, Alex, Javier, Enrique, Dori y yo.

La habitación que me acogerá durante 12 noches es sencilla, austera, sin más pretensión, que no es poca, que ayudarnos a descansar y a interiorizar todo lo que vamos viviendo. Las duchas e inodoros, al otro lado de un «patio» interior, de uso comunitario, son todo un lujo en esta zona de colinas, con una pobreza que sobrecoge el alma.

La primera mañana me despierto sorprendido por un despertador humano. Puntual y sin estridencias, pero que no lo había programado. Es el coro de la iglesia vecina, que a las 7 am celebra la primera misa del día, llena de cánticos que alegran el cuerpo.

Te levantas. Primer paseo, primera sorpresa. Tvistas paisajeoda la zona que contemplo es verde. Mucho verde a mi alrededor que cuesta cuadrarlo con la idea de África seca.

Primer desayuno. Contacto con el grupo que derrocha una energía positiva que se ha mantenido con el paso de los días.

Sabemos el programa previamente y el primer día toca visita al Hospital de Nemba y al centro de salud del mismo lugar, apoyados por medicusmundi de diferentes maneras hace más de 40 años. Bajamos andando por una tortuosa y pendiente pistamujer de piedras y tierra, que nos permita contactar de golpe con la realidad ruandesa.

Gente. Mucha gente que sube y que baja, quizá sin rumbo fijo en muchos casos. Mujeres vestidas con preciosas telas de llamativos colores que llevan con elegancia. La elegancia de las colinas. Sorprende como pueden ser tan elegantes con tan poco.

Hombres con sus bici-taxi o bicis-camión, por la cantidad de cosas que son capaces de transportar en ellas. Pesadas cargas que colocan con un equilibrio inestable que parece un milagro que no se caigan y más milagroso aún es que no se caigan ellos.

Y sobre todo vemos niñas y niños, que aparecen por todas partes en cuanto ven a 13 «abazungus» (extranjeros) corriendo sin parar por esa polvorienta pista hasta pararse a nuestro lado, lo que nos permite practicar las primeras palabras aprendidas en kinyarwanda ¡Muraho! (hola) Waramutse! (buenos días). Se ríen de lo mal que lo pronunciamos. Pero se alegran porque intentamos comunicarnos en su lengua. Y nos responden. Y nos alegran la mañana con sus risas. La mayoría van con su uniforme escniñosolar (azul las niñas, marrón claro los niños), viejo y roido en su mayoría y con una chanclas desgastadas de tanto correr.

Visitamos el hospital tras un breve encuentro con su director, Jean Baptiste, con un médico español que trabaja en él como neurólogo y como le gusta decir a el, como «médico de pueblo» y con Pierre, el coordinador en Rwanda del proyecto de medicusmundi.

El hospital atiende a unas 240.000 personas, con 179 camas y 148 trabajadores, solo 8 con titulación médica. Funciona, que no es poco, pero es evidente que necesita más personal, renovar infraestructuras y equipamientos ya viejos… Faltan especialistas y sobre todo falta dinero, al tener una enorme deuda porque las mutuas de salud no han pagado todo lo que deben y el estado no se hace cargo tampoco.

Visitamos salas y más salas, para poder conocer todos los servicios que ofrece. Ha habido momentos en esta visita en que me he sentido mal, como si violase la intimidad a la que tienen derecho todas las personas que por una razón u otra están ingresadas. En varias salas me he quedado fuera para respetar ese derecho.

Preguntamos mucho y nos responden. En nuestro grupo hay varias personas con formación sanitaria que se interesan por cuestiones técnicas sanitarias. A mi me interesan más las cuestiones sociales y sobre eso pregunto.

maternidad nemba

A la tarde visitamos el centro de salud de Nemba, situado junto al hospital y al igual que a la mañana nos explican todos los servicios que ofrecen.

Y durante todo el día no paramos de hacer fotos, para no olvidar todo lo que estamos viendo, porque es tanto, tan sorprendente y tan duro de asimilar en muchos de los casos, que no quiero depender de mi fragil memoria.

Y así pasa mi primer día en Rwanda. Camino a nuestro alojamiento, sigo cruzándome con gente que sigue yendo y viniendo, descalza o con chanclas, la mayoría con cargas en su cabeza, las mujeres además con bebés en su espalda. Nos miran, mientras volvemos a casa con cierto cosquilleo en nuestros corazones, y la sensación de que nos llevamos muchas cosas en la cabeza que nos van a hacer pensar.

Ya en casa, una cena maravillosa preparada por nuestro cocinero Tersio, nos aleja momentáneamente de todo lo visto, oído y sentido, aunque en seguida comenzamos a comentarlo en el grupo y la conclusión de este primer día es común: merece la pena viajar a Rwanda.

mamas ruten

Guillermo García-Almonacid