Ya lo decía la canción, “Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor”. Tenemos dudas sobre el dinero y el amor pero sobre la Salud… Ninguna. En el Día Mundial de la Felicidad echamos un vistazo a la relación entre felicidad, salud y desarrollo económico.

“Ay, a pesar de ser tan pobres, mira que sonrisas, ya nos gustaría ser tan felices como ellos”. Seguro que más de una vez has leído o escuchado esta frase, seguramente ligada a una fotografía de un grupo de niños africanos sonrientes ante el objetivo de una cámara extranjera. Ese tópico de la felicidad “de los pobres” está ligado a la afirmación de que la felicidad no tiene que ver con el desarrollo, con el poder económico, sino que se trata de una actitud ante la vida…

En realidad no podemos dejar de pensar que en esta sociedad masificada y globalizada se está imponiendo un modelo de felicidad materialista, enfocado sobre todo al dinero, a las posesiones, como si nuestra felicidad dependiera de qué coche tenemos, lo grande que sea nuestra casa o la ropa que llevamos… Y no podemos negar tampoco que la felicidad es algo enormemente subjetivo, es una sensación, un sentimiento de satisfacción con la vida que nos ha tocado vivir, con las decisiones que tomamos, y una persona puede ser enormemente feliz sin tener absolutamente nada y otra sentirse tremendamente desdichada a pesar de tenerlo prácticamente todo.

Sin embargo, el informe World Happines Report, que se publica anualmente mide el “Índice de felicidad” de diferentes países y, a pesar de afirmar que se utilizan fórmulas para medir que van más allá de los baremos económicos, coloca curiosamente a los países más ricos del mundo en el lugar más alto de la tabla mientras que los últimos de la fila están en África subsahariana.

La verdad es que ¿cómo medimos la felicidad? ¿quién determina los parámetros para medirla?

No lo sabemos pero sí tenemos claro que existe algo realmente fundamental para la felicidad, independientemente del lugar en el que vivamos o de nuestra cultura; ese algo es la Salud. Salud y Felicidad forman una pareja indisoluble, van de la mano, en una relación bi-direccional de dependencia.

La felicidad no depende del dinero pero sí que depende en gran medida de la Salud y, lamentablemente, hoy, en este mundo, la salud depende mucho de la capacidad económica y del lugar en el que te ha tocado nacer.

Por eso no nos extraña que países en los que trabajamos como Ruanda o Congo estén a la cola en ese índice de la felicidad.

Quizás llegue un momento en el que la Salud sea un Derecho que no dependa del dinero, de la nacionalidad, del sexo, o del color de la piel. Seguiremos trabajando para lograrlo. Eso sí, lo haremos, como siempre, con una sonrisa, porque a pesar de todo, la felicidad sigue siendo en parte una cuestión de actitud.

#FelicidadEsSalud